La inteligencia es una cualidad difícil de describir. La capacidad para pensar y razonar está relacionada con factores genéticos y del desarrollo. Pero también existen múltiples facetas, cada una enfocada a diferentes capacidades y habilidades. Sin embargo, es innegable que todos estos elementos tienen un factor físico común. Uno que se deteriora fácilmente con la tecnología.

Así lo afirman los primeros resultados oficiales del estudio Desarrollo Cognitivo del Cerebro en Adolescentes. Esta investigación es liderada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH). La organización descubrió que dispositivos como smartphones y tablets pueden afectar la inteligencia de los jóvenes. Los efectos aparecen con notable rapidez.

En promedio, un joven pasa alrededor de seis horas diarias frente este tipo de dispositivos. Sin embargo, los NIH apuntan que los efectos negativos aparecen mucho antes. De hecho, es suficiente una exposición de dos horas cada día para provocar deterioros cognitivos. La inteligencia no es la única afectada. De hecho, también hay consecuencias nocivas en la memoria y la habilidad lingüística.

Un estudio que explora más allá de la inteligencia adolescente

Los NIH cuentan con 11 mil 874 pacientes pediátricos para su estudio. Aunque ya se presentaron algunos resultados preeliminares, oficialmente no se revelarán las primeras cifras sino hasta inicios del próximo año. En la investigación no se explora solo la relación de la inteligencia con el uso de smartphones. También se observa cómo interactúan con la televisión y las computadoras.

Entre los jóvenes que más ocio digital tienen, se puede ver adelgazamiento prematuro de la corteza cerebral. Además de un menor nivel de inteligencia, los jóvenes muestran otros problemas cognitivos. Principalmente, una incapacidad para recordar o prestar atención con igual eficacia que sus compañeros. A pesar de los resultados, los investigadores todavía no sacan conclusiones.

Gayathri Dowling, parte del equipo de expertos a cargo del estudio, señala que aún no se puede afirmar una causalidad. Es decir, que la menor inteligencia podría ser provocada por algún otro factor. No se sabe a ciencia cierta cuál podría ser el efecto a largo plazo de este fenómeno. Se pretende que la investigación, ya con 10 años de progreso, se lleve a cabo por una década más.

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