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Originales vs genéricos, ¿existe diferencia?

AUNQUE LOS MEDICAMENTOS ORIGINALES Y LOS GENÉRICOS DEBIERAN SER IGUALES ESTO NO SE COMPRUEBA DEBIDO A LA TOLERANCIA QUE SE ENCUENTRA PERMITIDA

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La mayoría de los medicamentos que se venden en las farmacias, de México y del mundo, son “genéricos”. Esa denominación los separa de los “originales” que son los fabricados por la compañía farmacéutica que detentó en su momento la patente del fármaco. Esa compañía debió efectuar una larga lista de estudios pre-clínicos y clínicos para llevar el fármaco al mercado, diseñando la formulación farmacéutica adecuada y demostrando eficacia y seguridad. Mientras dure la patente (en los países en los que éstas se respetan), la compañía vende en exclusiva el medicamento, al precio que quiera, lo que le permite recuperar la inversión en esa, y en muchísimas otras moléculas que no llegan, por diversas razones, al mercado. Al vencer la patente, cualquier empresa puede fabricar el mismo fármaco, sin tener que invertir en investigación y desarrollo; ese es el genérico. Por no tener gastos de investigación detrás, el genérico debiera ser mucho más barato (aunque no siempre es el caso). Pese a la diferencia de precios, la idea es que originales y genéricos debieran ser IGUALES en términos de eficacia y seguridad; pero eso nunca se demuestra.

Para que un genérico obtenga aprobación como tal, sólo debe demostrar “bioequivalencia”, y eso si es de administración oral (los inyectables sólo deben demostrar que hay 98-102% del principio activo manifestado, y ausencia de contaminantes). Esa noción es una recomendación de la OMS, pero tuvo su origen en el Acta Hatch-Waxman del Congreso de EUA, aprobada en la administración Reagan. En México, el respeto a las patentes farmacéuticas y la definición de genérico se adoptaron como resultado gradual del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. La bioequivalencia consiste en demostrar que, en un número minúsculo (usualmente 12) de voluntarios sanos, una sola dosis del genérico produce una curva farmacocinética promedio que cae dentro del intervalo 80-125% respecto de la curva reportada para el medicamento original (en los valores de concentración plasmática máxima y área bajo la curva). Eso es todo. Ni estudios clínicos, ni múltiples dosis, ni pacientes reales: una sola toma, un puñado de voluntarios sanos, una amplia tolerancia. En México, además, esa demostración no corre a cargo de laboratorios gubernamentales, que prueben al azar varios lotes del genérico. El ensayo lo realiza una empresa privada, el “tercero autorizado”, que ejecuta la prueba sobre voluntarios “profesionales” (personas que rutinariamente participan en este tipo de ejercicios) remunerados, usando el medicamento seleccionado por el fabricante, y cobrando cifras millonarias. El conflicto de interés es más que obvio.

Aun suponiendo que el ensayo de bioequivalencia fuese realizado correctamente, la tolerancia es demasiado amplia: si la curva farmacocinética promedio del genérico es de, digamos, 82% de la del original, eso quiere decir que es probable que en un número importante de voluntarios, la curva esté por debajo del 80%, lo que pudiese llevar a un mayor tiempo de exposición a concentraciones inefectivas. Por el contrario, si la curva promedio es de 123%, algunos voluntarios pudieron estar expuestos a concentraciones potencialmente tóxicas. Sin embargo, en ambos casos, el medicamento se hubiera aprobado como genérico, por estar dentro del rango aceptable (80-125%). Llevando el caso a los anticonceptivos orales, una sobre-exposición puede conducir a efectos indeseables, si se alcanzan concentraciones que puedan tener efecto farmacológico sobre receptores distintos del estrogénico; no es necesario decir los efectos de una sub-exposición.

Otras diferencias más sutiles escapan al ensayo de bioequivalencia. Algunos excipientes pueden estandarizar la absorción del fármaco, aun en presencia de variables cotidianas, como lo es el contenido acuoso o graso de la dieta. La beta-ciclodextrina, por ejemplo, facilita la solubilidad y absorción de los anticonceptivos orales, minimizando las diferencias debidas al contenido gástrico. El ensayo de bioequivalencia, en el que los 12 voluntarios tomaron exactamente el mismo desayuno, puede enmascarar diferencias derivadas de la dieta, ente diferentes personas e, incluso, en la misma persona que no tenga el mismo desayuno cada día. Los excipientes, así como la calidad en la manufactura, pueden introducir variables que agraven la amplia variabilidad permitida a los genéricos. Al final, el resultado es una gran incertidumbre sobre la eficacia y seguridad de estas formulaciones.

El tema es polémico, con una fuerte carga política. Los defensores de los genéricos suelen decirse abanderados de las causas populares, asegurando que su meta es permitir el abaratamiento de los medicamentos y el mayor acceso por parte de las personas económicamente desprotegidas; los detractores son, por su lado, imputados de defender al negocio farmacéutico, que lucra ingentemente con la salud. Haciendo de lado que, tanto originales como genéricos, son fabricados por compañías cuyo único propósito es hacer dinero. Es recomendable revisar los muchos ejemplos, documentados experimentalmente, en los que los genéricos bioequivalentes, simplemente no tienen equivalencia terapéutica. Los ejemplos más estudiados son los de anti-epilépticos y antibióticos; pero la preocupación va en aumento y abarcando todas las clases terapéuticas.

7 Comments

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  1. Excelente artículo si se supone que de patente y genérico es lo mismo que nos dices de los similares . Saludos

  2. En mi opinion el efecto de los genericos es mas bien un efecto placebo. Los he usado y recomendado en casos leves pero cuando quiero un efecto garantizado uso el de patente.

    • Como va a ser un genérico igual a un efecto placebo? Si no se esta hablando de homeopatia. Es una exageración sin fundamento.

  3. En todo caso debemos hacer fármacovigilancia. Reportar las sospechas de ineficacia o reacciones no deseadas. Esto no da más datos para comprobar si los genéricos son realmente seguros y eficaces como lo ostenta el de patente o innovador.

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