A poco más de un mes del inicio del sexenio, existen decisiones que han causado controversia y polarizado opiniones. Si bien, desde un inicio Andrés Manuel López Obrador señaló que evitaría el desperdicio de recursos, algunas de sus medidas no han gustado del todo.

Con el nombre de Austeridad Republicana, el mandatario le solicitó a todas las dependencias del gobierno el esforzarse por obtener ahorros financieros. Eso se tradujo en el despido masivo de 3 mil trabajadores del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

Al respecto, se señaló que el recorte correspondió a personal de confianza y la mayoría formaba parte del área administrativa. Aunque no se ha profundizado en el tema, existen mucha dudas en torno a cómo fue que se seleccionó a las personas que fueron despedidas.

Por su parte, Luis Antonio Ramirez, director general del ISSSTE, dijo que la mayoría de los despedidos eran “ociosos” que no cumplían con sus funciones. El problema es que si los recortes de personal no se realizan con base en diagnósticos, el aparente ahorro podría salir más caro.

En ese sentido, llamar “ociosos” sólo al personal de confianza hace creer que el resto de trabajadores sí cumple con sus funciones. De igual forma, son varias las voces que han manifestado que es necesario realizar un diagnóstico sobre las actividades que realiza un trabajador antes de tomar la decisión de rescindir su contrato.

Finalmente, la forma de actuar de las autoridades hace creer que las fallas sólo están en los trabajadores contratados por honorarios, mientras que a los sindicalizados no se les ha tocado.

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