Hace poco más de 8 años se aprobó en la Ciudad de México una ley diseñada para ayudar y proteger las decisiones que toman los pacientes al final de su vida.
No existe un sólo día en el que no interactúe con al menos un paciente que me diga, “fíjese lo que leí en el internet”.
El hecho de que un paciente no acepte el tratamiento debe desarrollar en nosotros el arte de la paciencia y el entendimiento.
Hace muchos años, mi padre y yo tuvimos una conversación que quedó grabada en mi memoria y que me ha guiado a lo largo de toda mi carrera.
Por más complicadas que estas charlas puedan ser, al evitarlas estamos privando a un ser humano de la oportunidad despedirse bajos sus propios términos.