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Racistas, clasistas… y Donald Trump

Apelar a un desmedido hiperpatriotismo sería caer en el mismo error que el presidente Trump, error que no se puede cometer en el campo médico.

“¡No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre!”… o parafraseando la frase, “¡no tiene la culpa el médico, sino el vecino!”. Nos guste o no, el dicho anterior es una expresión cotidiana que se utiliza para indicar que un error no es sólo de aquel que lo comete, sino también de quien le asignó dicho compromiso. Sin embargo, la frase parte de la errónea idea de que los indígenas son personas incapaces o con escasas habilidades para realizar cualquier tarea complicada (de forma similar a como nos mira el señor Donald Trump), idea que tiene su origen en nuestro país en la época colonial, cuando se consideraba que los “indios” no formaban parte de la Nueva España y que persiste hasta nuestros días en el pensamiento del presidente de los Estados Unidos de América, quien considera que, “sólo lo blanco es bueno”.

En la actualidad nos enfrentamos a un problema como país con nuestro vecino del norte. Dicho problema nos afecta como médicos, como seres humanos y como parte de una familia, pues en mayor o menor medida muchos de nosotros contamos con familiares viviendo en los Estados Unidos de Norteamérica.

El punto de vista de un servidor al respecto es el siguiente. A diferencia de un desmedido hiperpatriotismo, donde ellos son los malos (no Trump, sino todos los americanos), debemos como profesionistas incidir desde este lado hacia las necias y racistas ideas del presidente de los Estados Unidos. Como si fuera un tratamiento médico, debemos de incidir puntualmente (quirúrgicamente) en el problema, haciendo la siguiente analogía: “cuando tienes un cáncer no matas al paciente para salvar un órgano”.

Los McDonald’s, Starbucks y otros, son negocios de mexicanos que pagan una franquicia y si no se les consume, pierde México y los empleados de cada una de esas franquicias perderá su empleo. Con respecto a Walmart y Coca-Cola, éstas son empresas americanas que contratan mexicanos, los cuales podrán no tener el mejor empleo y sueldo (eso es lo que nuestros políticos han permitido al no procurar elevar los sueldos en nuestro país), pero al menos tienen con qué comer. De tal modo, al difundir mensajes de “no les compres”, somos en ese momento tan racistas como los propios americanos que votaron por Trump.

No se trata de decir “no compro en esas tiendas hoy”… se trata de más bien consumir los productos mexicanos siempre. Como mexicanos, en no pocos eventos evitamos el libre intercambio de ideas, no aceptamos la experiencia (por ejemplo, a mí ya no me contratan como médico en urgencias porque soy viejo) y perspectivas de los otros, perdiéndonos de un intercambio fundamental sobre el punto de vista de otras personas o profesiones que pueden enriquecer nuestro acervo cultural y médico.

Siempre debemos de recordar que el cuidado del paciente depende en buena medida de la correcta toma de decisiones, proceso que podría afectarse por nuestros prejuicios, mismos que podrían solucionarse al ser más tolerantes, cualidad que se fortalece al integrar la capacitación e investigación teniendo en consideración todos los puntos de vista (lo cual no implica necesariamente que los tomemos, pero al menos que no los descartemos desde un inicio).

Pero, para qué leo lo que está refiriendo éste, qué tiene que ver Trump y sus cosas con el boicot hacia los americanos si únicamente estoy defendiendo a mi país; es sencillo, pues son los Estados Unidos el país que ha derribado cualquier competencia cuando se trata de producir un impacto total en la investigación e innovación médica. Léase, tratamientos e investigación para nuestros pacientes la producen los americanos en buena medida.

Entonces qué, ¿vamos a hacer el boicot a los americanos pero no a la medicina y a los avances científicos que producen? Consumir productos hechos en México es genial, prefiero una buena garnacha a una hamburguesa, pizza o hot dog… pero, hasta donde yo sé no producimos mucha (por no decir nada) de la información médica que requerimos para tratar a nuestros pacientes.

Es justo en este punto donde debemos de decidir antes de tornarnos hipernacionalistas, qué vamos a boicotear, a quién y cómo. ¿En congresos internacionales vamos a dejar de invitar un médico o profesionista americano en desmerecimiento de nuestra capacitación?, pues como médicos requerimos de manejar información compleja, y a menudo conflictiva, incorporando puntos de vista dispares, para poder actualizarnos. Existe poca controversia sobre si la mayor esperanza de prevenir y curar las enfermedades humanas ha dependido durante mucho tiempo de reunir las mejores ideas y talento a la hora de abordar problemas complejos.

Es un hecho que tendremos que capacitarnos para hablar en inglés y ofertarle al señor Trump médicos que puedan comunicarse e interactuar con los pacientes que se asemejen a ellos y compartan experiencias de vida similares o atender con calidad a los miles de mexicanos que vendrán y tienen la experiencia de ser atendidos en hospitales americanos. Todo esto representa una área de oportunidad para obtener mayores ingresos si podemos mejorar el estado de salud de nuestros pacientes, permitiendo con nuestra experiencia, proporcionar la calidad de atención que requieren y dar cumplimiento de las recomendaciones internacionales y sin el racismo o clasismo de nuestro país.

Es nuestro deber hoy más que nunca exponernos ante el mundo, no sólo a los americanos. Desmitificando de una vez por todas nuestra profesión, aceptando el cambio que viene, despertando nuestro interés y promoviendo la tutoría a nuestros colegas y pacientes de otras regiones y creo que esto mismo aplica si somos un país que aspira a ser una potencia turística. Tendremos que atender a pacientes de otras latitudes y “con los conocimientos de los americanos”, con quienes no congeniamos en este momento, pero en espera de que podamos generar los propios.

Por ello la diversidad va más allá de una simple identificación racial o de género. Las diferencias geográficas, educativas y otras más “ocultas” pueden incrementar la innovación. Esta diversidad lleva a las organizaciones a superar los sesgos colectivos cuando lo introducen en sus discusiones, fomentando la creatividad del pensamiento, la colaboración, la resolución de problemas e incluso la expansión hacia nuevos mercados.

Conclusiones

Debemos tomar consciencia de nuestros prejuicios inconscientes, desarrollando la competencia cultural y abrazando la diversidad, pues la inclusión mejorará nuestra capacidad para cuidar a nuestros pacientes.

Debemos apoyar a nuestros pacientes y connacionales a pesar de los vendavales y huracanes por venir.

Necesitamos comprender activamente el problema y procurar dar soluciones de diversidad, transformando así nuestro entorno personal, pues esto mejorará nuestras oportunidades para alcanzar el éxito.

Corolario

Nos guste o no, el viaje ya inicio, con todos los problemas que conlleva, pero también con la recompensa de ver crecer a México. Lo anterior no es populachero, sino una realidad, y sin ser hiperpatriotero, sino un simple médico que ama a su país. Considerando quien soy, lo que tengo, lo que le hace falta y lo que deberá aprender, aceptando lo bueno de otros.

 

 

Referencias

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