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Los 576 días más largos de mi vida…

Mientras espero los resultados de las elecciones en Estados Unidos siento tristeza y ansiedad.

Cómo ha cambiado el espíritu y el ánimo de toda una nación en ocho años. Recuerdo entonces que el momento era eufórico. En mi mente, Estados Unidos renunciaba al racismo, se reinventaba y trataba de corregir su pasado de esclavitud, discriminación y segregación.

Creí que habíamos todos evolucionado…

No duró mucho el sueño. La regresión comenzó insidiosamente el día en que Barack Obama asumió la presidencia de Estados Unidos. La vieja guardia quiso reestablecer el paradigma anterior y hacer que todo regresara a su lugar; nunca imaginó que el presidente fuera reelegido y sus ataques contra Obama y sus iniciativas se intensificaron.

No cabe duda que la campaña presidencial de EEUU de este 2016 no sólo ha sido interminable, sino que también ha sido como un virus mortal que ha cobrado muchas víctimas en su camino.

Para aquellos que navegamos ambos países, en el ámbito médico este proceso ha sido infernal.

Lo que nos ha quedado claro a muchos mexicanos (entre otras cosas) es que cuando hay un candidato que incita a la violencia y que invita al miedo al calificar como criminales a los habitantes de toda una nación, la gente te ve y te trata diferente.

Se destapó una gran cloaca que estaba tenuemente tapada: el racismo. Ahora se hace con el permiso de un candidato a la presidencia de la única superpotencia del mundo.

Ahora, un paciente cree que tiene el derecho de preguntarte tu origen étnico y juzgarte no por tu capacidad como médico, sino por tu nacionalidad. Confieso que no somos los únicos; cualquier grupo que haya sido atacado en esta campaña es blanco para algunos.

Incluso el siempre buen “descanso de médicos” se convirtió en un sangriento campo de batalla, con médicos de ambos partidos exponiendo sus preferencias, amistades forjadas y perdidas. ¿Por la política?

Gracias a este nocivo ambiente, opté hace muchos meses comerme un democrático sándwich en la paz de mi oficina, francamente cansada del “Apocalipsis” que, según muchos, iba a suceder en cualquier momento en Estados Unidos. Mientras, al mismo tiempo me angustiaba por la inseguridad en México y si era más seguro un taxi o un Uber a mi regreso a México.

Leyendo sobre las  las conductas en esta elección, me llamó mucho la atención un estudio que se dio a conocer en la edición del pasado 3 de octubre en The Proceedings of The National Academy of Sciences en donde se estudió la conducta de los médicos en este último año.

En dicho estudio que fue realizado por investigadores de la Universidad de Yale, analizaron con un cohorte de 20 mil médicos a los cuales agruparon dependiendo de su filiación política (republicanos y demócratas) y consistió en pedirles que evaluaran nueve casos clínicos en los cuales tocaban tanto temas altamente politizados en esta elección tales como el aborto, el uso de marihuana, y el derecho a poseer y portar armas, así como temas de salud general tal como la obesidad, la depresión y uso de alcohol, encontrando que el manejo de los pacientes en los temas politizados iban de acuerdo con la posición de sus partidos políticos. Curiosamente el manejo de los casos en los cuales no había temas controversiales, el manejo fue uniforme y sin variantes por partido.

El resultado de la encuesta me alarma

El permitir que nuestras creencias políticas influyan o cieguen el manejo médico de un paciente es una tendencia que merece explorarse y enfáticamente rechazarse.

Como médico siempre he actuado rigiéndome por un principio universal, el de educar en lo que son hechos y ofrecer soluciones a los problemas que pueden tener nuestros pacientes sin importar mis creencias.

¿Será posible que el bombardeo constante de demagogia, polarización y politización de tantos temas hayan hecho que se borraran líneas antes establecidas?

El hecho indudable es que ahora el hablar de salud ese ha convertido en tema político, el problema es no dejar que  la relación con tu paciente se convierta en parte del discurso.

Lo que está sucediendo en Estados Unidos al ver quién ganó esta elección, marcará indudablemente como nos desarrollaremos como médicos y, ahora, entes fracturados con el resto del país.

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