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La metáfora del “corazón roto” podría equivaler a un infarto

Tener el “corazón roto” puede convertirse en algo mucho más serio que un simple desamor y desencadenar síntomas parecidos a los de un infarto.

Tener el “corazón roto” podría ir más allá de un simple asunto sentimental, ya que médicos han advertido que deberíamos tomarlo de manera literal.

Así lo mencionó Álvaro Contreras, académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien señaló que el síndrome del corazón roto es reconocido en términos médicos como una miocardiopatía generada por estrés y que suele desarrollarse cuando una persona atraviesa por una situación intensa y que puede desencadenar síntomas parecidos al de un infarto.

Aunque pudiera sonar a una metáfora poética, el corazón roto puede convertirse en algo mucho más serio debido a los síntomas que desencadena como falta de aire, desmayos, palpitaciones y arritmias. Son réplicas de las dolencias que desencadena un infarto, pero ocasionadas por razones emocionales.

Abundó que este término médico fue descrito en los años 90 en Japón, y que de acuerdo con algunas investigaciones, afecta aproximadamente a 3 mil o 5 mil personas a nivel mundial.

El síndrome del corazón roto puede ocurrir por la pérdida de un familiar o presentarse por una pena amorosa. Cuando esto ocurre el músculo del ventrículo izquierdo se inflama pero sin que exista daño orgánico. Entonces el corazón toma la forma de  una jarra japonesa conocida como takotsubo, por lo que este padecimiento también recibe el nombre de miocardiopatía de takotsubo.

Álvaro Contreras dijo que las personas suelen no hacer mucho caso a la salud emocional y mental, pero advirtió, es algo que no se debe tomar a la ligera ya que podrían ocasionar problemas de salud más graves.

Finalmente, dijo que este padecimiento no suele diagnosticarse de manera correcta en México, ya que los médicos necesitan entrenamiento especial o equipos tecnológicos que con frecuencia no se tiene en los hospitales.

Si bien un corazón roto suele evolucionar rápidamente y de forma favorable, en algunos casos puede derivar en una falla ventricular que requiere seguimiento hospitalario de hasta cuatro semanas.

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