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Albert Einstein como alumno y profesor de la profesión médica

Una visión educativa de uno de los más grandes genios llevada a la formación médica.

En el contexto de una práctica de la medicina como la actual, guiada en buena medida por las consideraciones económicas, es más importante que nunca educar (además de entrenar) al futuro médico con el objetivo de conservar el núcleo de convicciones que han distinguido a nuestra profesión. El conocimiento vinculado con la enseñanza, el desarrollo y el aprendizaje de la ciencia nos acerca a los grandes maestros como Albert Einstein.

Es por dicha situación que se hace mención de algunas ideas, aportaciones y pensamientos más significativos sobre educación de uno de sus escritos menos técnicos (Mis Ideas y Opiniones), a efecto de llevar a la práctica estas reflexiones al mundo de la educación médica:

  • Tratándose de hombres en activo, no basta únicamente con el conocimiento de la verdad, sino que éste debe renovarse continuamente mediante esfuerzos incesantes. La escuela como un único instrumento para transmitir el máximo de conocimiento no es correcto, pues deben de cultivarse en los individuos jóvenes cualidades y aptitudes valiosas para el bien común. Una comunidad de individuos cortados con el mismo patrón, sin originalidad ni objetivos propios, es una comunidad pobre y sin posibilidades de evolucionar.
  • La influencia educativa que la escuela puede ejercer sobre el alumno varia según de su origen (el miedo al castigo, la pasión egoísta o el deseo de placer y satisfacción). Mientras que el deseo de reconocimiento y satisfacción es un estímulo sano; el deseo de ser reconocido como el mejor, el más fuerte o el más inteligente conduce a una actitud egoísta que resulta dañina tanto para el individuo como para la comunidad.
  • La escuela utiliza la fuerza y la autoridad artificial; tratamiento que termina por destruir los sentimientos sólidos, la sinceridad y la autoconfianza del alumno (ante esto, la cultura de no culpa es muy importante, al igual que la cultura de la responsabilidad en el contexto del aprendizaje y el buen manejo de los pacientes).
  • El poder del maestro debe encontrarse basado lo menos posible en medidas coercitivas, de modo que la única fuente de respeto del alumno hacia el profesor esté basado en las cualidades humanas e intelectuales de este último.
  • Hemos de prevenirnos contra quienes predican a los jóvenes el éxito, en el sentido habitual, como objetivo de la vida. El valor de un hombre debería de juzgarse en función de lo que da y no de lo que es capaz de recibir a cambio. Las exigencias de la vida son demasiado múltiples para que resulte posible la formación especializada en la escuela.

Del pensamiento flexneriano destaca el aprendizaje como proceso activo. La medicina moderna, al igual que toda otra enseñanza científica, se caracteriza por la actividad. El mismo Abraham Flexner llevaría a Einstein a los Estados Unidos en 1933.

La dualidad maestro-discípulo conforma una parte fundamental del desarrollo del médico en la transición de la teoría a la práctica, en su papel como educador. En este proceso el médico tiene no sólo que desarrollar la habilidad para autoeducarse, sino también para plantearse las preguntas adecuadas y decidir críticamente, siempre evaluando su conocimiento y sus habilidades para conocer sus deficiencias y tratar de corregirlas.

Ser maestro no indica de forma solitaria la maestría o dominio sobre la materia que se trabaja. Ser maestro implica, irrevocablemente, un compromiso ético-humanista, destacando así a un hombre al que se le ha otorgado dar al mundo grandes ideas creadoras.

Cualquier loco inteligente puede hacer cosas más grandes y más complejas… Pero hace falta un poco de genialidad, y un montón de valor para moverse en dirección contraria”

Albert Einstein

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